Empezar a leer la Biblia puede ser tan emocionante como abrumador. Por un lado, es el libro más influyente de la historia, lleno de relatos, poesía, leyes, cartas y profecías que han transformado millones de vidas. Por otro, su extensión, su lenguaje y su trasfondo histórico pueden hacer que más de uno se sienta perdido desde las primeras páginas.
Si alguna vez has intentado leerla de principio a fin y te has quedado atascado en Levítico, no estás solo. Todos, incluso los cristianos con años de fe, han sentido en algún momento que la Biblia es un territorio difícil de explorar. Pero con la actitud correcta y algunas claves prácticas, ese desafío puede convertirse en un viaje apasionante.
En este artículo te comparto tres cosas esenciales que te ayudarán a empezar con buen pie y a perseverar en la lectura de la Palabra de Dios.
1. Reconocer que es Difícil
La Biblia es un libro maravilloso… pero también exigente. Cualquiera puede comprender su mensaje central —la buena noticia de que Dios nos ama y nos salva por medio de Jesucristo—, pero el desarrollo de ese mensaje a lo largo de sus páginas es complejo.
El propio apóstol Pedro lo admitió al hablar de las cartas de Pablo: “en ellas hay algunas cosas difíciles de entender” (2 Pedro 3:16). ¡Para Pedro, el apóstol de Jesús, leer las cartas de Pablo era difícil! Y si para uno de los discípulos más cercanos a Jesús la Escritura tenía pasajes difíciles, no debería sorprendernos que también lo sea para nosotros.
Además, fue escrita en contextos históricos, culturales y lingüísticos muy distintos al nuestro. Esto significa que leer la Biblia y entenderla requiere paciencia, dedicación y humildad. No es como tomarse un café; es más como ir al gimnasio: al principio cuesta, pero con el tiempo uno gana fuerza y resistencia espiritual.

2. Leer, Leer, Leer... y Repetir el Proceso
El mejor consejo para empezar a leer la Biblia es sencillo: leer. Y después, volver a leer. Y repetir el proceso una y otra vez.
Cuando te topes con un texto que no entiendes, lo peor que puedes hacer es rendirte. Lo mejor es seguir adelante, dejar que el texto repose en tu mente y regresar más tarde. La comprensión profunda suele llegar con la repetición.
Cuando estudié mi máster en filosofía en Estados Unidos, tenía que leer textos densos en un idioma que no era el mío: El Simposio de Platón, la metafísica de Tomás de Aquino, o la Crítica de la Razón Pura de Kant. Imagínate la película. Lo que mis compañeros comprendían en una sola lectura, a mí me requería tres o cuatro. La primera lectura era siempre igual: “no tengo ni idea de lo que acabo de leer”, «esto no tiene sentido». Pero en la tercera o cuarta vuelta, las piezas empezaban a encajar.
La Biblia funciona de manera parecida. Si lees Romanos, Juan o Isaías por primera vez, es normal que muchas cosas no tengan sentido. Pero si vuelves a esos pasajes una y otra vez, empezarás a notar conexiones y claridad. Como dice el Salmo 1, la persona bienaventurada es la que “en la ley del Señor medita de día y de noche”. Antes de leer comentarios o preguntarle a ChatGPT, simplemente dedica tiempo a leer y releer. La clave está en la constancia.
2. No hay entendimiento sin tu crecimiento (espiritual)
Leer la Biblia no es solo un ejercicio intelectual; es también una experiencia espiritual. Entender su mensaje no depende únicamente de nuestra capacidad de análisis, sino también de nuestra disposición a obedecer lo que ya hemos entendido.
Jesús mismo dijo: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios” (Juan 7:17). Y también en una historia dijo «Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré» (Mateo 25:21). En otras palabras, si quieres entender mucho, primero tienes que ser fiel con lo poco que ya entiendes. La claridad llega cuando hay disposición a vivir según lo que Dios nos muestra.
Por eso, antes de abrir la Biblia, es bueno orar pidiendo al Espíritu Santo que ilumine nuestra mente y ablande nuestro corazón. A medida que crecemos en nuestra vida espiritual —cultivando la humildad, el arrepentimiento y la obediencia—, la comprensión de la Palabra se profundiza.
Leer la Biblia es un viaje que combina perseverancia intelectual y apertura espiritual. Reconoce que no siempre será fácil, comprométete a leer y releer, y cuida tu crecimiento espiritual. Con el tiempo, descubrirás que este esfuerzo vale la pena, porque en sus páginas encontrarás palabras de vida eterna (Juan 6:68).