5 Razones para fiarme de la Biblia

¿Es confiable la Biblia? En este artículo exploramos cinco razones sólidas que respaldan su autenticidad, coherencia histórica y poder para transformar vidas hoy en día.

Hace poco, en una entrevista para la revista Fotogramas, se dice que el actor Ian McKellen (Gandalf, en El Señor de los Anillos) comentó: “La Biblia debería tener un aviso preventivo al comienzo que diga que todo es ficción”.

¿Ficción? Es una declaración interesante.

¿Podemos fiarnos de que la Biblia no es ficción? Vamos a ponerlo de otra manera más concreta. Hablemos de las partes que hablan de Jesús: ¿Podemos fiarnos de que estos documentos nos dicen cosas que de verdad pasaron?

Aquí van 5 razones para confiar en los Evangelios que cuentan la vida de Jesús (no son todas, pero nos dan una imagen):

1. Se escribieron muy poco después de los eventos que narran.

Y muy cerca de dónde pasaron las cosas. Los evangelios no se presentan con un tono de “hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano”. Al contrario, los evangelios se escribieron cerca del lugar y el tiempo en el que Jesús vivió.  La mayoría de los expertos comentan que los evangelios fueron escritos entre el 70 y 90 después de Cristo; esto es una media de 50 años después de que Jesús fuese crucificado (eso es poco tiempo en términos de historia).

2. La vida y resurrección de Jesús fueron públicos.

La vida de Jesús fue un evento público. Amigos y enemigos vieron lo que se narra en los evangelios, y fácilmente podrían haber testificado que lo que se decía de Jesús era falso. Pablo, el famoso apóstol, escribió su primera carta a los Corintios (una iglesia en Corinto) unos 30 años después de la muerte de Jesús, y dice: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.” (La Biblia, 1 Corintios 15.3-6).

La vida y resurrección de Jesús fueron eventos públicos, y para el tiempo que escribe Pablo, aún hay personas que pueden corroborar lo que se dice (“de los cuales muchos viven aún”). 

3. La mejor explicación para el nacimiento de la iglesia.

El nacimiento de la iglesia es uno de esas cosas innegables. ¿Qué explica mejor el nacimiento de este movimiento que explotó en el imperio romano en el primer siglo? La iglesia no nació conquistando terreno y ganando privilegios como fama, poder, o dinero, como otros movimientos. Si el motor que motivaba este movimiento no era los beneficios que ganaban, ¿qué impulsaba este movimiento?

Vamos a ponerlo de otra manera: los evangelios fueron escritos, o avalados al menos, por los apóstoles de Jesús. La historia nos dice que todos estos apóstoles murieron martirizados por su fe. Si estos, que vivieron con Jesús y vieron lo que hizo y dijo, escribieron mentiras y ficciones para “crear una religión”, no les salió bien la jugada. Por un lado, ninguno de ellos sacó beneficio. De hecho, lo que se dice es que el tono general de su vida fue el de sufrimiento (La Biblia, 2 Corintios 4.8-12, o el Libro de los Hechos). Por otro lado, ¿Por qué morir por algo que sabes que es mentira? Si, muchas personas religiosas en la historia han muerto por su fe, por lo que creen que es verdad, pero nadie moriría por algo que sabe que es mentira (si es que se lo ha inventado).

4. Contienen detalles geográficos e históricos.

Los evangelios que narran la vida, muerte, y resurrección de Jesús, están llenos de referencias geográficas y sociales, de nombres y costumbres, que no se ven en las obras de ficción. Por ejemplo, hablando de los nombres de personas y lugares que aparecen en los evangelios, Peter J. Williams dice que estas referencias a nombres de lugares “sería extremadamente sorprendente si pensáramos que los escritores de los evangelios vivieron en otros países como Egipto, Italia, Grecia o Turquía, y que inventaron historias sobre Jesús”. 

Es más, muchos de estos detalles geográficos e históricos han sido corroborados por la arqueología. Por ejemplo, la existencia de Poncio Pilato, el estanque de Siloé, o Nazaré. 

5. Los cuatro evangelios cuentan básicamente la misma historia, complementándose en detalles. 

Por ejemplo, Juan y Lucas cuentan historias completamente diferentes de Marta y María (La Biblia, Lucas 10 y Juan 12) – lo cuál muestra que no se copiaron el uno al otro –, pero ambos presentan a Marta como una persona práctica y a María como mucho más contemplativa; cada uno arroja luz sobre el otro, pero sin estar diseñado de esa manera. De igual manera, Marcos llama a Santiago y a Juan «hijos del trueno» (Marcos 3), y Lucas nos dice que quieren hacer descender fuego del cielo (Lucas 9); ambos se iluminan el uno al otro, pero casi accidentalmente.

Los evangelios que narran la vida y resurrección de Jesús son documentos con una cualidad histórica que distan de siquiera parecerse a lo que uno esperaría de obras inventadas de ficción. William Ramsay, arqueólogo británico, escribió “Lucas [el autor del evangelio de Lucas] es un historiador de primera categoría; no son sus declaraciones meramente de hecho dignas de confianza; está poseído de un verdadero sentido histórico […] Este autor debiera ser colocado junto a los más destacados historiadores”.

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