Cuando Dios te dice «No tires la Toalla»

Todos pasamos por momentos en los que no sabemos si vale la pena seguir adelante. En su Palabra, Dios a veces nos dice que si: "no tires la toalla".

Por mucho que oremos, a veces parece que Dios se toma una eternidad en aparecer y hacer algo con lo que estamos viviendo. En esos momentos, Satanás suele aprovecharse de  nuestra impaciencia para meternos dudas sobre la fidelidad de Dios.

Pero, en la Biblia, Dios nos recuerda que está con nosotros y que no se ha olvidado de nada. Y en algunos momentos en concreto nos dice «No tires la toalla».

1. Paciencia en el sufrimiento

En Romanos 12.12 se nos dice «Alegraos en la esperanza, mostrad paciencia en el sufrimiento, perseverad en la oración«.

Cuando pasamos por momentos duros — ya sea la pérdida de un familiar, el dolor de un divorcio o el sufrimiento por un hijo que se aleja — el autor de Romanos nos anima a tener paciencia. A orar con ganas. Dios puede sacar algo bueno de cualquier situación, para nuestro bien y para su gloria.

2. No dejar de hacer lo bueno

En Gálatas 6.9, dice así: «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos«. 

¿Sabes por qué Pablo dice esto? Porque a veces es fácil cansarse de hacer el bien. Nos pasa a todos. 

No es fácil seguir haciendo lo correcto cuando parece que no recibes nada a cambio. Pero la Biblia promete que, si perseveramos, veremos los frutos de ese esfuerzo. Nuestras palabras y acciones pueden dejar una huella eterna en las personas que nos rodean. Puede que no lleguemos a ver el legado que dejamos en esta vida, pero podemos confiar en que Jesús va a bendecir todo nuestro trabajo.

3. Resistir la tentación

En Santiago 1.12, dice así: «Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a quienes lo aman«. 

Cuando te sientas derrotado, cuando estés tan cansado que no puedas más, recuerda que se nos ha prometido la corona de la vida. La recompensa que nos espera en el cielo vale muchísimo más que las pruebas que enfrentamos aquí en la tierra — igual que la emoción de cruzar la meta en tu primera maratón compensa todo el dolor del entrenamiento y la carrera.

4. Insistir en la oración

En 2 Samuel 22.7, dice así: «En mi angustia invoqué al Señor; llamé a mi Dios y él me escuchó desde su Templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos«. 

Dios siempre nos escucha cuando le llamamos. No siempre nos da lo que queremos, pero sí nos da lo que realmente necesitamos. Si confiamos en Él, incluso cuando no entendemos nada, empezamos a ver cómo está actuando en nuestra vida — ya sea mostrando su fidelidad al suplir una necesidad económica o su bondad a través de amistades cristianas que nos apoyan y animan. Cuando pedimos ayuda y buscamos a Dios de verdad, Él abre nuestros ojos para que podamos experimentarle de formas nuevas que nos acercan más a Él.

La comprensión de Dios va mucho más allá de la nuestra, y tenemos que confiar en que su tiempo es perfecto.

Servimos a un Dios poderoso que nunca nos abandona y que quiere lo mejor para nuestras vidas. No siempre es fácil esperar en un mundo donde todo lo queremos al instante. Pero si dejamos de ponerle límites a Dios con nuestros propios plazos, exigencias y deseos, podremos experimentar una paz real en medio del caos.

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