La iglesia es diferentes cosas para diferentes personas. Después de 2000 años de historia de la iglesia de Jesús, muchas personas tienen diferentes imágenes en su cabeza cuando se menciona la palabra “iglesia”.
Para algunos la iglesia es un edificio. Piensa en catedrales, en campanarios. Para otros, la iglesia es una jerarquía de personas en una organización. La iglesia son esas personas especiales vestidas de una manera especial. Para otros, la iglesia es un evento. Piensa en el evento religioso que se hace el Domingo, o en el que se hace el Domingo de Resurrección una vez al año (… “no hace daño”).
En la Biblia, la iglesia se presenta con diferentes imágenes que nos ayudan a entender qué es. Entre todas, la imagen más presente en todo el Nuevo Testamento (la parte escrita después de la muerte y resurrección de Jesús), es la de una familia. La iglesia es sobre todo una familia.
Nuestra salvación se describe como entrar en una nueva familia, la familia de Dios: “ya no sois extraños ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2.19)
Las personas en la iglesia se describen como “hermanos y hermanas” (Romanos 1.13, 2 Pedro 1.10), con un “padre celestial” (Mateo 7.11, Romanos 8.15)
Igual que idealmente nuestra vida debe existir en familia, con los ritmos normales de las relaciones familiares que nos nutren, guían, corrigen, y motivan, la vida espiritual en Cristo se vive en esta familia que se llama iglesia.
Aquí van 4 formas en las que la iglesia es una familia.

1. La iglesia es una familia porque nos une algo más grande que nuestras diferencias, preferencias o circunstancias.
Las familias pueden ser mejores o peores. Puede haber más química o menos entre hermanos; puede haber una relación más cercana o más distante entre padres e hijos. Pero en cualquier caso, la familia no depende de eso. Depende de la relación de sangre entre dos personas.
De igual manera, la iglesia es una familia porque nos une la sangre de Jesús.
2. La iglesia es una familia porque es la esfera central de nuestro crecimiento y madurez.
Un niño que crece sin familia está destinado a una vida disfuncional, llena de problemas físicos y psicológicos. Un crecimiento y desarrollo sano depende de tener un ambiente familiar sano. Nuestras madres, nuestros padres, nuestros hermanos son el andamiaje que nos ayuda a crecer y madurar. La familia es, o debe ser, un ambiente seguro; y precisamente porque es seguro es el lugar que nos ayuda a madurar porque nuestra familia nos guía, nos corrige, nos motiva, nos da amor, y nos pone límites.
La iglesia es el ambiente central para nuestra madurez espiritual. Igual que un niño que crece sin familia, un cristiano que crece sin esta familia espiritual está destinado a una vida espiritual disfuncional.
3. La iglesia es como una familia porque aunque no siempre nos llevamos bien, estamos comprometidos con protegernos unos a otros.
Como todas las familias, las iglesias no son perfectas. No hace falta mucho para ver que desde el principio de la iglesia, estas comunidades tienen problemas entre sus miembros. A veces hay problemas relacionales, a veces los problemas son morales, a veces algunos miembros de la familia son menospreciados en favor de otros, a veces se falta al respeto a las madres o los padres. Los hermanos se pelean, y las hermanas se enfadan.
Aún así, precisamente porque somos una familia, escogemos seguir amándonos unos a otros, perdonándonos unos a otros, y llamándonos la atención unos a otros para recordarnos lo que nos une.
Este compromiso no significa ignorar los errores o pretender que todo está bien, sino más bien caminar juntos en medio de las diferencias, con la decisión firme de cuidarnos mutuamente. En una familia verdadera, cuando uno cae, los demás lo levantan; cuando alguien se pierde, se le busca; cuando alguien sufre, se le consuela. En la iglesia pasa lo mismo: el amor se demuestra no solo en los momentos fáciles, sino sobre todo cuando cuesta. Por eso, aunque tengamos desacuerdos, seguimos siendo hermanos y hermanas que se esfuerzan por protegerse, apoyarse y reflejar el amor de Dios en cada paso.
4. La iglesia es como una familia porque tiene líderes que buscan lo mejor para la familia.
O por lo menos, deberían.
Imagínate el siguiente cuadro: una casa; hay 5 niños, dos hermanos y tres hermanas. Tienen entre 5 y 11 años. Hay comida en la cocina (carne y pescado en la nevera, y cereales en la despensa). Pero en esta casa no hay padres. Los niños viven solos. ¿Cómo crees que les iría?
Exacto.
Igual que en una familia es importante que tengamos padres y madres con madurez que nos ayuden, la iglesia tiene líderes con madurez que nos ayudan.
Aún así, precisamente porque somos una familia, escogemos seguir amándonos unos a otros, perdonándonos unos a otros, y llamándonos la atención unos a otros para recordarnos lo que nos une.
Una buena familia no funciona sin alguien que cuide, enseñe, corrija y acompañe con amor. De la misma manera, en la iglesia necesitamos líderes que no solo tengan experiencia y madurez espiritual, sino también corazones de padre y madre, dispuestos a servir y no a ser servidos. Su rol no es dominar, sino guiar; no es imponer, sino proteger. Cuando los líderes de una iglesia actúan con este corazón familiar, la comunidad florece: los más jóvenes crecen con dirección, los heridos encuentran consuelo, y todos aprendemos juntos a seguir a Jesús con más claridad y unidad.
Cuando Jesús creó la iglesia, creó una familia. Algunas veces, esa familia es disfuncional: hay tensiones, relaciones complicadas, y mala química. Aún así, es nuestra familia, y es uno de los regalos que Dios le ha dado a sus hijos.