Es posible parecer un facilitador de un grupo sano y lleno de vida… y en realidad, estar dando
poco fruto real. Jesús tiene algo importante que decir al respecto.
Un Momento Inesperado en el Ministerio de Jesús
Hay una escena en los Evangelios que puede resultar un poco sorprendente la primera vez que lo lees. Jesús camina desde Betania hacia Jerusalén. Tiene hambre. A lo lejos, ve una higuera llena de hojas que, a primera vista, parece visiblemente sana, con todo el aspecto de un árbol que debería ofrecer algo y bueno. Se acerca buscando el fruto… y no encuentra nada. Solo hojas.
Y la maldice.
A la mañana siguiente, los discípulos quedan atónitos: el árbol se ha secado desde las raíces
(Mateo 21:18-19; Marcos 11:12-14, 20). Es un momento impactante. Pero no es un acto de frustración. Es una enseñanza, profunda y
personal para quienes lideran a otros en el nombre de Jesús.
La Higuera y el Facilitador
Las higueras en el mundo antiguo eran conocidas por una característica muy concreta:
producían pequeños frutos comestibles antes de que aparecieran las hojas. Así que cuando veías una higuera llena de hojas, era razonable esperar que tuviese fruto. Las hojas eran, en cierto modo, una promesa de lo que debería estar ahí.
Aquí es donde la imagen se vuelve poderosa para nosotros como facilitadores. Nuestras “hojas” son todo lo que hace que parezca que somos unos líderes activos y funcionales. Aparecemos cada semana. Preparamos el estudio. Enviamos el mensaje al grupo.
Organizamos el espacio. Abrimos y cerramos en oración. Todo eso es visible. Todo eso parece
saludable desde lejos.
Pero Jesús se acerca y hace una pregunta diferente: ¿Hay fruto?
No pregunta: ¿Estás ocupado? No dice: ¿Estás presente? Sino: ¿Está creciendo algo aquí?
¿Se están transformando vidas? ¿Se está formando comunidad real? ¿Están las personas
encontrándose con Dios?
Esto no pretende condenar, si no que nos invita a que hagamos una reflexión honesta.
Esto implica menos perfección y más conexión. Así debe ser un facilitador.
¿Cómo se puede ver el fruto en un ICONOgrupo?
Antes de examinarnos, conviene saber qué estamos buscando. En el contexto de un grupo pequeño, el fruto puede parecerse a esto:
- Fruto en la vida de las personas: miembros que crecen en semejanza a Cristo, que
superan viejos patrones, que aman mejor a sus familias y sirven a los demás con mayor
generosidad. (Gálatas 5:22-23). - Fruto en las relaciones: una comunidad genuina y honesta donde las personas se
sienten conocidas y amadas, no solo atendidos en el momento. (Juan 13:34-35). - Fruto en la misión: miembros del grupo que invitan a otros, que cuidan a los demás y
viven el evangelio fuera de una sala de reunión. (Hechos 2:46-47). - Fruto en la fe: personas que dan pasos de fe (en confianza), que oran con expectativa,
que buscan un encuentro genuino y personal con Dios y no solo de forma intelectual.
(Hebreos 11:6).
Ninguno de estos frutos aparece de forma automática. Requieren algo más profundo que las hojas.
Gracia en la Advertencia
Es necesario mencionar algo: Jesús no maldijo a sus discípulos cuando daban poco fruto.
Maldijo un árbol. A sus discípulos les extendió una invitación, paciencia e instrucción. Les dijo:
«Permaneced en mí, y daréis mucho fruto» (Juan 15:5); no les dijo: «Dad fruto o si no…».
La advertencia de la higuera es una muestra de Su Gracia. Nos lleva de vuelta a lo que
importa. Y nos recuerda que el fruto no es nuestro logro — es perdurar en permanecer en
Él.
No tienes que ser un facilitador perfecto. Tienes que ser un facilitador conectado.
Conclusion
Este pasaje nos invita, no de forma acusatoria sino con amor, a hacernos algunas preguntas
honestas. No para producir culpa, sino para producir crecimiento.
Estamos llamados a dar fruto, permanecer en Jesús con una fe genuina y con oración
constante. Ese es el tipo de líder que tu grupo necesita. Y la buena noticia es que ese es
exactamente el tipo de líder para el que Jesús te ha equipado.
Preguntas para Pensar
- ¿Qué «hojas» podrían estar ocupando el lugar del fruto real en mi grupo?
- ¿Cómo es mi vida de oración personal como facilitador/a? ¿Estoy dependiendo de Dios o de mi propia capacidad? ¿Qué es lo que no termino de soltarle a Él de mi grupo?
- ¿Qué fruto específico quiero pedirle a Dios que produzca en mi grupo en los próximos meses? ¿Cómo puedo facilitar en mi grupo que dicho fruto crezca de verdad?